M Andreina Malavé

Vivir la pesadilla del COVID en Venezuela

Mientras tanto, Lourdes, como miles de venezolanos que enfrentan el COVID-19 en estos momentos, debe luchar para sobrevivir...
martes, 25 de mayo de 2021 · 12:07

Lourdes vive en su casa con sus tres hijos y su esposo. Trabajaba dando clases en una escuela primaria, pero la pandemia le cambió los planes. Ahora, mientras su esposo trabaja en un taller mecánico, Lourdes vende postres caseros. Lo que ganan entre los dos apenas es suficiente para sobrevivir. Viven en un apartamento pequeño de dos habitaciones, desde donde pueden ver cómo va la cola para echar gasolina en la bomba más cercana, que recientemente volvieron a convertirse en una pesadilla. Hace tres días Lourdes amaneció con la noticia de que su socia, con quien ha estado la última semana todos los días preparando postres, tiene Covid-19.

Al principio sintió pánico por su socia. No sabía qué tan grave estaba ni cuáles síntomas presentaba, pero temía por la vida de su compañera. En lo que habló con ella y vio que, por los momentos, tenía fiebre,  cansancio e inapetencia la preocupación mutó. “Yo vi a mis papás ayer, mi esposo es de alto riesgo y en esta casa ninguno se va a salvar de contagiarse. No voy a poder trabajar por lo menos por dos semanas y mi esposo no puede parar de trabajar”, fueron los próximos pensamientos de Lourdes. Horas después de tener la cabeza llena de preocupaciones, se dio cuenta que debía estar pendiente de ella y de los posibles síntomas.

Efectivamente, dos días después Lourdes tenía dolor corporal y fiebre. Sumado a estos síntomas, tenía una ansiedad que nunca antes había sentido. No sabe si es preocupación, tensión, culpa o miedo, o incluso un poco de todas. A pesar de estar clara de su situación económica, Lourdes intenta buscar la opción más barata para realizarse un examen que le termine de comprobar si tiene o no coronavirus. Sin embargo, lo mejor que consiguió fue “60$ si es una prueba y 50$ cada una si son dos”. Imposible, ese dinero es necesario para comprar comida.

Descansa más de lo que el cuerpo le pide por miedo a que le falte el aire y tenga que acudir a algún especialista. Sabe, por su socia, que las clínicas están a tope y que las consultas médicas en casa son imposibles de pagar para incluso personas que ganan “bien”. Ganar bien en Venezuela es que te paguen en dólares y que sea suficiente para pagar lo necesario, al menos que seas un enchufado, pero eso es un tema aparte. Lourdes sabe que si pagar una prueba PCR o una prueba rápida implica sacrificar comida para la casa, entonces recibir atención médica sería imposible. No quiere ni averiguar, pero desde hace un tiempo ha escuchado por casos cercanos que la atención en casa supera los miles de dólares diarios. Por eso el COVID-19 le quita el aire antes de tiempo.

Está encerrada sola en el cuarto principal, mientras su esposo duerme en la sala y los niños están todo el día en el cuarto. Lourdes no protesta porque sus hijos están pegados a la televisión todo el día, ni sabe si hicieron la tarea, se bañaron o si comieron. Ella está haciendo un esfuerzo sobrehumano para no solo superar el COVID-19 sin síntomas fuertes, sino para que la ansiedad no la enloquezca, pero cada síntoma la hace pensar en las posibilidades de haber contagiado a su familia, en especial a sus padres. Sin embargo Lourdes no le dice a nadie fuera de su hogar que se siente mal, ni siquiera a su socia.

Hay un detalle: el estado de Lourdes permanece en secreto porque su esposo no puede aislarse. No puede dejar de trabajar, porque si lo hace se quedarían sin comida. No tienen ni para que él deje de trabajar un solo día. Por eso, a Lourdes también la está enfermando el remordimiento. Sabe que está mal, que si alguien se entera van a querer matarlos, pero no tienen otra opción que encomendarse a Dios que a su esposo no le de COVID-19 y así no solo evita contagiar a los demás sino que no se expondría, recuerden que es de alto riesgo.

Mientras tanto, Lourdes, como miles de venezolanos que enfrentan el COVID-19 en estos momentos, debe luchar para sobrevivir. Debe superar la enfermedad, el encierro, los ataques de ansiedad y el sentimiento de culpa. A Lourdes y a miles de venezolanos les toca decidir entre morir de hambre o superar el COVID’19, mientras que el resto del mundo se acerca cada día más a la normalidad.

Así seguirá siendo la situación del venezolano hasta que entren las vacunas. Algunos tendrán síntomas leves, otros se enferman y nunca sabrán si es un resfriado o coronavirus. Si tienen suerte, algunos podrán ser atendidos desde casa y rezarán que eso sea suficiente, pero la gran mayoría enfrenta esta pandemia como han llevado la vida por más de 20 años: solos, desamparados y temiendo por las barbaridades que hace el gobierno.

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