Alberto Elizalde Yulee

El peor gobierno de la historia

…no, no fue el de Lenin Moreno.
martes, 25 de mayo de 2021 · 11:03

Y no sólo porque en la historia ecuatoriana hay peores, sino porque deja un legado que probablemente con el tiempo y decantadas las pasiones, agradeceremos.

Al comienzo, había pocas expectativas con su gobierno. Tanto los correistas como los no correistas no creían que llegaría lejos y probablemente tampoco que culminaría el mandato.

El gobierno de los 10 años desperdiciados dejaba a su ungido un país sin dinero, polarizado y chuchaqui del festín petrolero.

Endeudado hasta la próxima generación, le dejaba una trampa traicionera para que se lleve el descrédito que conlleva pagar el derroche sin plata, con el protervo y vanidoso propósito de volver, esta vez a perpetuidad, a un país que clamaría el regreso del mesías del siglo XXI.

Sin embargo, el presidente Lenin Boltaire (no sé por qué con B larga y no con V) Moreno Garcés, con su carita de yo no fui, con su nadadito de perro, con sus malos chistes y despistes deliberados, desarticuló la maquinaria que Correa y sus mecánicos habían dejado instalada en toda la administración pública y el gobierno, como virus esclavos ante la necesidad de controlarlo y cubrirse.

Rápido y sin cobardía (además era cuestión de sobrevivencia física y política), quemando fusibles, con precisión de cirujano cortó la vena por la yugular y decapitó al Vidrio, al vice que esperaba su momento para moverle el banquito.

Conocía cuál era el talón del castillo, desde su silla perene solo tiene que observar y tomar nota.

Destapó la olla de corrupción en las obras publicas que se cocinaron durante el gobierno de las manos limpias, y con una que otra ayudita de la justicia gringa, los Panamá Papers y el caso Odebrecht, aprovechó para llevar las consecuencias a niveles que no se han visto todavía en ningún otro país donde estos fueron noticia.
Obviamente, como en toda caldereta, solo enseñó lo que quería y tapó lo demás.

Lo hizo brindando el apoyo político necesario a la fiscal Salazar, la nueva estrella de la luna y al Poder Judicial para que cumplan con la misión asignada y que la maquinaría permitía. Sin muertos ni heridos, sin secuestrados ni amenazados, sin testimonios truchos. Sin dolor.

Por sorpresa.

Legitimó lo cocinado parapetado tras el escudo impoluto que patrióticamente le ofreció el Dr. Julio Cesar Trujillo y una Consulta Popular que aprobó democráticamente lo actuado por mayoría abrumadora (y no gracias al “trujillato” como despectivamente llama Pabel a esta etapa clave en su derrota).

Le tomó dos años, que son pocos, si recordamos la sin salida en la que nos hallábamos hace apenas 4. Los venezolanos llevan 22 y no han podido…

Tampoco fué “tongo” como algunos sospecharon, ahí están los presos vestidos de naranja aguantando fríos de páramo. Probablemente faltan muchos más, pero ahí están pastando unas cuantas vacas sagradas.
Esta victoria, por si sola, merece gratitud.

Que faltó mucho por hacer, seguro.  Que pudo hacerlo mejor, también. Pero también es cierto que “pudo haber tenido un mejor pueblo…”, el emplumado Octubre Incendiario del año 19 mostró una ciudadanía ecuatoriana que puede dispararse a sí misma y escupir al cielo en momentos críticos.

Fue un gobierno mediocre en regularidad y persistencia. El manejo de la pandemia y la vacunación es un ejemplo de esa inconsistencia. Nombrando 5 Ministros de Salud en un año de pandemia era imposible que algún plan funcione.

La lealtad y la consistencia no son sus fuertes.

Sin embargo, el nuevo gobierno no tendrá que dedicar la mitad de su tiempo y recursos políticos en desmontar trampas y saboteadores. Tampoco tendrá que entrar por la puerta trasera para mendigar apoyo financiero de los organismos multilaterales, porque, aunque demoró en hacerlo, el gobierno de Moreno inició un proceso serio para organizar la economía del Ecuador y ha mantenido la continuidad necesaria para darle credibilidad, con ministros del calibre de Martínez y Pozo.

Hoy no podríamos escribir y decir lo que decimos si el gobierno que se va no hubiera hecho su tarea en términos de libertad de expresión y respeto a la ciudadanía sin autoritarismos.

Entrega un país en paz y más esperanzado que hace cuatro años.
Sin duda no deja la mesa servida, nos deja un país con graves problemas económicos, sanitarios y sociales por atender, pero, viable.

Hace un tiempo, una querida amiga me acusó de ser un “leninista camuflado”, acusación injusta porque en realidad no soy ni fui su partidario. Durante su mandato probó su desapego a la Lealtad, una virtud que no puede faltar en las personas que admiro.
Pero si soy agradecido y me gusta ver el lado iluminado de las cosas…

Finalmente, ya es hora de pasar la página y mirar pa’lante.

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