EDITORIAL

La misma gente, la misma miseria…es hora de cambiar

Es tiempo de cambiar los destinos del país eligiendo nueva gente capaz, honesta y con ganas de servir. El problema es que esa gente no quiere prestarse para luego caer en boca de los inescrupulosos y en manos de los vividores políticos de siempre.
viernes, 14 de agosto de 2020 · 07:00

Hay que buscar y elegir nueva gente en las elecciones 2021, no podemos ni siquiera reciclar a los candidatos por cuanto lo que hoy tenemos son productos desechables y no aconsejables para el futuro del país y la buenaventura de las generaciones venideras. No hay que tener temor y peor vergüenza de decir de frente que lo que hoy tenemos no vale la pena y punto y aparte. Mientras más pronto pasemos este mal tiempo y mala gente que nos han gobernado más rápido  podremos pensar y albergar esperanza para días mejores.

Cuándo toca analizar lo que parece ser los candidatos para las próximas elecciones con topamos con el mismo problema de siempre, esto es gente vieja en la política y casi siempre mañosa ya que utilizan nuevas estrategias para captar el electorado `pero son los mismos que tienen al país en esta miserable situación política en la que saquean los pocos recursos  que se tienen y se rasgan las vestiduras diciendo que son la solución cuando han sido la perdición.

Ya quedan pocos meses para entrar en la angustiosa tarea de ver quien será el que nos time. Ya llega el tiempo de soñar ilusionados y caer en pesadillas reiterativas. Ya nos llega la hora de volver a aguantar la cantaleta de tanto cuentero que dice será la salvación, la reinauguración de la política, el resucitador de muertos y mil y una falacia electoral de un millar de cuenteros que pasan cuatro años preparando su método infalible de “salvar la Patria”.

Creemos que deberíamos elegir gente nueva a la que podamos inclusive algo disculpar por sus errores y falta de experiencia y no comer el mismo plato de hace ya casi 30 años que no nos da ningún provecho y sí mucha indigestión.

La gente sana y consiente dice que los dedos de las manos sobran para nombrar políticos honestos, capaces y entregados. Inclusive la mayoría cree que los dedos de una sola mano también son demasiados.

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