OPINION

Postpandemia, movilidad humana y nueva sociedad

La problemática de movilidad humana es tan antigua como la civilización humana...
martes, 30 de junio de 2020 · 07:00

Este artículo reflexiona y establece una relación costo-beneficio en las sociedades, tanto emisoras de población como también de las receptoras, establece un análisis cultural y estructural del impacto del proceso de movilidad humana, en estas sociedades expulsoras y receptoras, generando características  de análisis individual y colectivo de estos grupos humanos, donde se verifica las tensiones culturales, sociológicas y de resistencia que se generan en los dos espacios humanos.

La problemática de movilidad humana es tan antigua como la civilización humana, es muy antigua así como sus contradicciones, los flujos migratorios forzados o pocas veces planificados, se remontan a los procesos de conquista y expansión de los imperios del medioevo, las ordas otomanas o las cruzadas cristianas fueron sintomatología de procesos de crisis de las sociedades locales, que propugnaron su desarrollo en base a la expansión y conquista de territorios, esto generó corrientes movilizadoras humanas que se integraron a las nuevas condiciones políticas de dominación o también para huir y buscar nuevos horizontes.

Existe en pleno siglo XXI una emergencia de nuevas corrientes migratorias que han roto la tradicional búsqueda de horizontes sur-norte, hoy en día, gracias a las enormes restricciones jurídicas y policiales del norte, los flujos migratorios buscan en las sociedades del sur, un paliativo a sus paupérrimas situaciones socio-económicas. Este fenómeno social pone en entredicho las proclamaciones de libre tránsito en una humanidad globalizada, según el Banco Mundial hay una población migrante en el mundo de 215 millones de los cuales son 16,3 millones que huyen de conflictos armados o crisis agudas socio-políticas.  Este contexto establece que las sociedades locales son más globales que hace 25 años atrás, ya que su población local se ha enriquecido con estos procesos migratorios, forzados o no, que generan tensiones en el hábitat natural y cotidiano tanto en las sociedades expulsoras como en las receptoras.

Establecidos los parámetros generales se considera necesario evaluar los impactos ambientales, socio-culturales, económicos de este fenómeno social, no podemos caer en la tentación de sólo singularizar esta problemática, hay que hacer un abordaje sistémico, con todas las variables de impacto para tratar de comprender que el efecto migratorio tiene profundas contradicciones entre la sociedad receptora y la sociedad volátil que acude a cubrir su cotidianidad, indudablemente el tratamiento de esta problemática moderna no solo puede ser mirado con el prisma de lo cultural, que es predominante, sino como generar o preparar condiciones en los estados receptores de canalizar hasta sus máximos límites, la recepción e integración, sin absorción, de los flujos migratorios actuales.

Resta por establecer un nuevo pacto global para redimensionar esta problemática y generar condiciones estructurales de recepción pero también de compensación a las sociedades expulsoras, el reto es integración y respeto a las dinámicas migratorias, como mecanismo de integración socio-económico, utopía a guiar los próximos 25 años en el mundo post pandemia.

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