OPINION

¿Y las deudas?

Las deudas no se pueden ni se podrán pagar, porque no hay de donde...
lunes, 29 de junio de 2020 · 07:45

Existe una enorme incertidumbre de lo que está sucediendo en Quito, con la pandemia del Covid-19, por una parte, existe el criterio del ministro de salud, el Dr. Juan Carlos Zevallos, quien dice que la situación está controlada y por otra el criterio de los médicos y la realidad descarnada del aumento de los contagios y el número de personas que fallecen cada día, al punto de haber llegado a prácticamente colapsar el número de camas en las unidades de cuidados intensivos (UCI) en hospitales públicos y privados, quedando muy pocos cupos en hospitalización en las salas de clínica en dichas unidades operativas de salud.

Y tenemos a los médicos y enfermeras, que trabajan en primera línea, esto es en las salas de UCI y hospitalización, los cuales tienen directo contacto con los enfermos y por lo tanto están expuestos a una alta carga viral del Sars-coV-2, que es el coronavirus invisible, que tanto daño ha producido en el mundo, con 10 millones de casos y más de 500.000 fallecidos y que ataca con fuerza, en la actualidad a Latinoamérica, especialmente a Brasil, México, Chile, Perú, Ecuador, Argentina, siendo nuestro país, el que más alta mortalidad presenta a nivel del mundo.

Por presiones sociales y ante la gravedad de la crisis sanitaria, económica y social, la gente no aguanta más una confinación, que lleva más de cien días, con un impacto en la producción nacional y pérdidas incalculables, en todos los sectores, porque todos hemos sufrido en carne propia, la desaparición de los ahorros, ante la falta de ingresos, que fueron consumidos en sobrevivir durante el confinamiento. Y el mayor número de contagios se observan en barrios pobres de la capital, el sur, el norte a nivel de Cotocollao, el centro histórico de Quito; mucho menos en barrios donde viven personas pudientes, lo que significa que las poblaciones de menos recursos económicos, aquellas que viven del día a día en ventas ambulantes e informales desempleados son los más afectados por el Covid-19 a quienes se los mira desenvolverse en grandes aglomeraciones, sin ningún tipo de precaución, como el uso de mascarillas, gafas, distanciamiento social, lavado de manos, con los productos en las veredas, como si nunca hubiera habido la pandemia severa del coronavirus, siendo estas las causas del aumento de contagiados, con una curva diferente a la de Guayaquil, pero sostenida y sin visos de mejorar.

Y cuando en los diferentes chats de médicos, que hemos implementado en las diversas sociedades científicas, nos enteramos que compañeros, colegas, amigos de toda la vida, se han contagiado de Covid-19, se encuentran ingresados en las UCI, están graves, fallecen a los veinte días del ingreso, nos  produce un inmenso dolor indescriptible, una sensación de rabia e impotencia por el amigo que se ha ido, aumentada por el hecho de que no se puede acompañarle, en el último acto, de homenaje, como es el poder asistir al velamiento y entierro de sus restos, fallecen en la más absoluta soledad, sin el acompañamiento de la esposa, de los hijos, de los seres queridos y su entorno íntimo.

Me preguntan mis hijos, esposa, amigos, cuándo se acaba ésta pesadilla y no les puedo dar respuesta; es una pandemia que nos cogió de sorpresa a todos, nadie sabe en forma precisa, el comportamiento del coronavirus, el tratamiento, porque no hay, se conocen ciertos factores de riesgo, como la obesidad, que es el principal, aumenta un 38 % las complicaciones de neumonía y aumento de los trombos; la diabetes mellitus 3 %,la hipertensión arterial 7 %, la edad, que es relativa, el tabaquismo previo, pero el hecho de que se estén probando ciento cincuenta fármacos, para tratar la enfermedad, nos confirma la incapacidad actual de encontrar la curación. Únicamente el testeo masivo de personas, para detectar a los asintomáticos, pre sintomáticos y clínicos positivos, permitirá, cerrar el cerco epidemiológico y evitar la expansión de la pandemia.

 

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