M Andreina Malavé

El miedo a la vacuna es parte de la pandemia

La realidad de ahora es que estamos más alejados de nuestros seres queridos, pero también somos más conscientes de las consecuencias que pueden traer nuestros descuidos o irresponsabilidades...
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 06:00

Esta semana se conoció que la FDA autorizó la implementación de la vacuna del Covid-19 de Pfizer en casos de emergencia. Inmediatamente los chats y las redes sociales, que ahora más que nunca se han convertido en lo más cercano a una sala de reunión familiar o de amigos, sirvieron como campo de batalla a favor y en contra de la tan esperada vacuna.

Aunque al principio todos pensaban que este hallazgo sería una especie de ticket para volver a la realidad, en lo que supimos que la vacuna fue aprobada comenzaron las dudas, e incluso muchos se dieron cuenta que la “realidad” que anhelan tanto no volverá nunca. El miedo se apoderó de quienes piensan que, con esta inyección, nos meterán una especie de chip o modificarán nuestro ADN y un sin fin de teorías, entre las que se asoman las típicas y nefastas teorías conspirativas que solo sirven para dividir a la gente.

Si bien es cierto, cada quien es libre de vacunarse o no. El problema no es que hay gente que no quiera vacunarse, porque siempre ha habido gente en contra de las vacunas. El verdadero problema es que no hemos terminado de afrontar que desde hace casi un año tenemos un nuevo estilo de vida y que la vida que teníamos antes no volverá, y no debemos verlo como algo negativo.

Los críticos de la tecnología y el internet bajaron la guardia porque sin estos recursos no hubiera sido posible sobrevivir esta pandemia. Ahora, aunque nos choque, dependemos aún más de estar sentados pegados a una computadora o de utilizar el móvil a toda hora.

La realidad de ahora es que estamos más alejados de nuestros seres queridos, pero también somos más conscientes de las consecuencias que pueden traer nuestros descuidos o irresponsabilidades porque finalmente entendimos que no se trata solamente de nosotros y así como podemos convertirnos en un peligro de muerte para alguien, quienes nos rodean también nos pueden poner en peligro a nosotros.

Hemos cambiado muchísimo. Hemos aprendido a respetar distintas opiniones y a verificar la información antes de reenviar, algo que debíamos hacer desde hace mucho tiempo y que todavía estamos trabajando en eso. Hemos aprendido a que no vale la pena discutir si no es necesario porque es suficiente con la distancia que nos impuso el virus.

La vacuna de Pfizer tiene más del 90 por ciento de efectividad y los efectos secundarios reportados, hasta ahora, son insignificantes en comparación a lo que nos ha traído el Covid-19. Sigamos aprendiendo a respetar las distintas opiniones y a entender que el miedo es parte de la pandemia. Quienes teman por la vacuna, investiguen y quienes la defiendan también. Quienes están en contra de esta inyección no necesariamente son “antivacunas” y la desinformación sigue siendo un mal que debemos curar, sobre todo en tiempos de crisis.

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