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Estaban a punto de salir y fueron asesinados. Reclusos ya habrían cumplido su condena antes de la matanza

“Mamá, mamá, ayúdame porque nos están atacando”, fueron las últimas palabras que una madre escuchó por su teléfono al recibir el pedido de auxilio de su hijo Tonio O., a las 21:40 del viernes pasado, desde la Penitenciaría del Litoral. Él es uno de los 62 reos asesinados entre el viernes y sábado pasados en los enfrentamientos de la Penitenciaría del Litoral.

Imagen referencial
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Por:  Redacción La Verdad

“Mamá, mamá, ayúdame porque nos están atacando”, fueron las últimas palabras que una madre escuchó por su teléfono al recibir el pedido de auxilio de su hijo Tonio O., a las 21:40 del viernes pasado, desde la Penitenciaría del Litoral. Él es uno de los 62 reos asesinados entre el viernes y sábado pasados en los enfrentamientos de la Penitenciaría del Litoral.

Entre los presentes la mañana de este lunes 15 de noviembre afuera del Laboratorio de Ciencias Forenses y Criminalística de la Policía, situado en el oeste de Guayaquil, estaba aquella madre que con una chompa negra aguardaba en silencio detrás del cerramiento de ingreso a esa unidad policial.

En el acceso, uniformados se mantenían controlando a quienes ingresaban y frecuentemente despejaban a los ciudadanos que obstaculizaban el paso de autos hacia el interior.

En ese sitio sigue la identificación de cadáveres y otros trámites de allegados de reos.

Ahí, ella reveló su impotencia de no poder hacer nada ante las súplicas de su hijo Tonio O., quien con su primo, otra víctima, hasta el viernes pasado permanecían en la cárcel.

Según la madre, él hace una semana esperaba su boleta de excarcelación para salir en libertad tras cumplir una pena de un año de sentencia por haber sido detenido con tres paquetes de droga.

Ella lamentó que él ya estaba listo para salir en libertad y pudo haberse salvado. “Yo sé que mi hijo no era un santo, era un muchacho, era un muchacho víctima de tanta gente desgraciada que envenena a la juventud, a él lo cogieron con tres paquetes de droga, le dieron un año de cárcel y él pagó, pero en el momento que debieron sacarlo no me lo sacaron, me lo hicieron matar, pido justicia”, relató la mujer.

El número mayor de asesinados estaban en el pabellón 2 y en un área transitoria, donde estaban reclusos en espera de sentencia o por delitos menores o corrupción.

En los exteriores de la sede de la Policía Judicial, Ivonne Vega contó que su sobrino murió decapitado en el pabellón 2. Ella aguardaba por su hermana que ingresó a reconocer a su hijo Luis Fernando, de 24 años, quien también tuvo su último contacto con su madre a las 23:00. En esa llamada, él le pidió bendición y se despidió de su madre.

“Que la quería mucho, que siempre la iba a llevar en el corazón, le dijo al hermano que cuidara a la mamá”, relató la tía. Desde ese entonces no tuvieron más noticias de él.

“Así como tuvieron la habilidad para sacar los cuerpos, esa misma habilidad tuvieron que haberla utilizado para cuidar la vida de esas personas porque nadie se merece como han muerto tantos, sea lo que hayan hecho son seres humanos”, declaró Ivonne Vega, tía del recluso Luis Fernando G., quien estaba recluido en el pabellón 2.

Por problemas económicos, ella contó que su hermana no pudo agilitar los trámites judiciales para que cumpla el resto de la condena en régimen semiabierto.

Llevaba 5 de los 7 años de sentencia luego de haber sido capturado en un operativo antidrogas, contó la tía, que llegó desde Esmeraldas para apoyar a su hermana en los trámites y despedida de su hijo.

A pocos metros, en el ingreso principal con varios documentos en mano, Katherine Castro contaba con pena la trágica partida de su sobrino. En diciembre próximo él ya se estaba alistando para salir en libertad de la Penitenciaría tras cumplir su condena por el robo de un celular. Aquello quedó en deseo simplemente.

“A mí me mandó los audios, nos decía ‘se nos vinieron, se nos vinieron’, pero de ahí no supe más, le volví a llamar, pero no me respondió”, recordó la mujer en medio de llanto mientras aguardaba, al igual que otros allegados, en la morgue a la espera de varios documentos para darle cristiana sepultura a Elvin C., de 31 años, quien estuvo once meses en el complejo penitenciario.

“Que nos ayuden que no haya más muerte, que haya paz, que Dios tenga misericordia tanta gente inocente, ya no guerra, solo paz, tantas personas que están muriendo”, prosiguió la mujer.

Hasta la mañana de este lunes, Marco Ortiz, director de investigación Técnico Científica de la Policía, señaló que ya había identificado 34 cadáveres con técnicas dactiloscópicas y adicionalmente 7 piezas anatómicas de cuerpos desmembrados.

“Por lo que estamos a través de estudios antropológicos realizando la relación de esas piezas con los cadáveres para poder en su momento entregar los cadáveres a sus familiares”, dijo el director.

Castro estimó que los peritos seguirán con una siguiente etapa de identificación con procedimientos genéticos que tomará mayor tiempo en función de la muestra de cadáveres o piezas anatómicas y su posterior comparación con el perfil genético de la muestra. Aquello podría tomar un mes, aproximadamente.

Mientras siguen los estudios antropológicos para continuar el análisis de más cadáveres, a otro grupo de cuerpos se les intentará tomar perfiles, al igual que a sus familiares.

Con la toma de muestras genéticas se prevé el cotejamiento entre sí para determinar el resto de identidades.

La desesperación continúa para decenas de familiares de las víctimas de la masacre.

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